Durante mucho tiempo pensé que la maternidad comenzaba con una prueba de embarazo positiva. Hoy entiendo que estaba equivocada.
La maternidad empieza mucho antes.
Empieza cuando una mujer comienza a preguntarse si quiere tener hijos. Cuando siente ilusión, miedo, incertidumbre o presión. Empieza cuando aparecen las conversaciones con la pareja, cuando llegan las expectativas familiares y cuando, poco a poco, la idea de convertirse en mamá comienza a ocupar un lugar en su mente.
Hoy mi hija tiene apenas un mes y siete días de vida mientras escribo estas líneas.
Este blog nació mucho antes que ella.
En realidad, nació incluso antes de mi embarazo.
Mi esposo insistía en que compartiera todo lo que estaba aprendiendo. Yo siempre respondía que sería más fácil hacer videos. Fue tan «fácil» que nunca grabé uno solo. Hoy entiendo que escribir era la forma correcta de empezar.
No escribo porque crea tener todas las respuestas. Escribo porque, conforme fui avanzando en este proceso, descubrí que muchas de las cosas que estaba viviendo casi nadie me las había contado.
Y eso me hizo preguntarme:
¿Por qué hablamos tanto del bebé y tan poco de la mujer que se está convirtiendo en mamá?
Soy economista de profesión, estudiante de psicología y una apasionada de la salud mental materna. Desde hace varios años he estado estudiando desarrollo humano, neuropsicología, promoción de la salud y maternidad basada en evidencia científica. Sin embargo, cuando decidimos buscar a nuestra hija, descubrí que una cosa es estudiar la maternidad y otra muy distinta vivirla.
Mi esposo y yo llevábamos casi siete años juntos cuando decidimos que había llegado el momento de buscar un bebé. Ambos habíamos acordado una edad límite para comenzar este proyecto de vida y, cuando llegó el 2025, iniciamos la búsqueda.
Pasó un mes. Después otro. Y luego un tercero.
Recuerdo haberle dicho que, si nuestro bebé nunca llegaba, seguiríamos siendo una familia. Que Ozzy, nuestro border collie, seguiría formando parte de ella. Que todavía tendríamos sueños, viajes y proyectos juntos.
Hoy escribo esto con mi hija en brazos y sé que mi historia tuvo un final feliz. Pero también soy consciente de que muchas mujeres viven una historia diferente. Algunas atraviesan infertilidad, pérdidas gestacionales, tratamientos de reproducción asistida o simplemente un camino mucho más largo del que imaginaron.
Por eso este espacio no hablará únicamente de embarazos felices.
También hablaremos de incertidumbre.
De duelo.
De salud mental.
De ansiedad.
De violencia obstétrica.
De crianza.
De infancia.
Y, sobre todo, hablaremos de las mujeres.
Durante esos meses de búsqueda viví algo que seguramente muchas reconocerán: la sensación de que toda la responsabilidad recaía sobre mí.
Sentía que mi cuerpo tenía que ser perfecto. Que debía comer mejor, dormir mejor, hacer más ejercicio y controlar cada aspecto de mi vida porque, si algo salía mal, sería mi culpa.
Con el tiempo comprendí que esa idea era profundamente injusta.
La reproducción es un proceso compartido.
La salud del hombre también importa.
La fertilidad también depende de él.
Mientras yo tomaba vitaminas y trataba de preparar mi cuerpo, mi esposo hacía exactamente lo mismo. Ambos estábamos construyendo las mejores condiciones posibles para recibir a nuestro bebé.
Otra de las cosas que descubrí fue que concebir no es tan sencillo como muchas veces nos hacen creer.
Si una mujer tiene ciclos menstruales regulares, la ovulación ocurre aproximadamente una vez por ciclo y el óvulo permanece disponible para ser fecundado entre 12 y 24 horas. Los espermatozoides, por otro lado, pueden sobrevivir hasta cinco días dentro del aparato reproductor femenino.
De pronto comprendí que embarazarse no depende únicamente del deseo.
También depende del tiempo. De la biología. Y, muchas veces, del azar.
Finalmente, en julio de 2025 recibimos la noticia que tanto esperábamos: estaba embarazada.
Pensé que lo difícil había terminado.
En realidad, apenas estaba comenzando una de las experiencias más transformadoras de mi vida.
Este blog nace precisamente para recorrer ese camino juntas.
Aquí encontrarás información basada en evidencia científica, explicada desde la psicología, la neuropsicología y la promoción de la salud, pero también desde la experiencia de una mujer que, igual que muchas otras, sigue aprendiendo cada día qué significa convertirse en mamá.
Bienvenida.
Me alegra profundamente que estés aquí.

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