Yo creía que entendía lo que hacían. Ahora sé que lo veía, pero no alcanzaba a comprenderlo.
Dicen que hasta que eres mamá empiezas a ver de verdad a todas las mamás.
Yo pensaba que entendía el esfuerzo de mi mamá, de mi hermana y de tantas mujeres que admiro. Creía que comprendía sus desvelos, sus sacrificios, sus preocupaciones y el amor con el que cuidaban a sus hijos.
Pero la verdad es que no.
Lo veía… sin comprenderlo del todo.
La maternidad tiene esa extraña capacidad de cambiar la forma en la que miramos a otras mujeres e, incluso, a las mamás de otras especies. De repente, algunas experiencias que habíamos observado durante años adquieren un significado diferente.
Fue hasta que me embaracé y después me convertí en mamá que comencé a comprender algunas cosas desde otro lugar.
Hace poco fue el cumpleaños de mi mejor amiga (aunque ella jamás diría que lo somos): Mali, mi hermana.
Siempre estuvimos juntas hasta que llegó Onassis. Gracias a ella y a él conocí una forma diferente de amor, pero ahora también puedo dimensionar de otra manera lo valiente que fue al entrar en la maternidad sola y comenzar a descubrir todo lo que implicaba.
Luego llegó Matías y, durante mi embarazo, cada vez que físicamente me sentía mal pensaba: «Mali pudo atravesar todo lo que vivió durante su embarazo con Matías; yo también puedo.»
Después nació Regina y tuvieron que pasar días en la UCI.
Yo trataba de hablar con ella por las tardes y pensaba que debía ser muy pesado permanecer día y noche en el hospital, sin dormir bien, sin comer bien, sin poder bañarse tranquilamente.
Hoy entiendo que ni siquiera alcanzaba a imaginar todo lo que estaba viviendo.
La preocupación. El miedo. La incertidumbre de no saber cómo estaría su hija.
Y, hablando de cumpleaños, pronto también será el de mi mamá.
Hay una historia sobre ella que durante años conté con cierta diversión y que hoy recuerdo con nostalgia y una empatía completamente distinta.
Cuando éramos niños teníamos dos labradores, un perro y una perra. Nuestra perrita, Bulma, quedó embarazada. Durante los últimos días de su embarazo, mi mamá la abrazó y comenzó a llorar.
Le dijo: «Te prometo que no te vas a embarazar otra vez. Sé que ya estás cansada. Esta será la última vez y después te vas a sentir mejor.»
Durante años recordé aquella escena como una anécdota.
Hoy la miro diferente.
No puedo saber exactamente qué estaba sintiendo mi mamá en ese momento, pero ahora puedo reconocer en sus palabras una empatía hacia el cansancio de otra madre que antes yo no podía comprender de la misma manera.
Tampoco necesito explicar demasiado sobre mi mamá.
Hoy entiendo de otra manera por qué todos los días nos abrazaba y nos besaba, por qué todavía intenta cuidarnos y por qué durante años me decía: «Dices que me quieres, pero algún día tendrás hijos y ese día sabrás lo que es amar.»
No creo que hoy la ame menos que antes. Pero finalmente comprendo lo que intentaba decirme.
Todo esto me llevó a una pregunta:
¿Por qué vivir una experiencia puede cambiar nuestra manera de interpretar algo que ya habíamos observado muchas veces?
Convertirnos en madres no modifica solamente nuestras rutinas. También puede modificar el lugar desde el que interpretamos experiencias que ya conocíamos.
Antes de ser mamá podía observar el cansancio de mi hermana, la preocupación de mi mamá o la intensidad emocional que implicaba cuidar a un hijo.
Sabía que podía ser difícil. Podía empatizar con ellas.
Pero la maternidad incorporó algo que antes no tenía: una experiencia propia desde la cual reinterpretar aquello que había observado durante años.
Esto no significa que sea necesario convertirse en madre para comprender o empatizar con otra madre. La empatía no exige haber atravesado exactamente la misma experiencia.
Lo que significa es que las grandes transiciones vitales pueden modificar nuestras referencias internas. Una experiencia nueva puede hacer que recuerdos antiguos adquieran significados diferentes.
Y convertirse en madre es precisamente una de esas grandes transiciones.
No solamente nace un bebé.
La mujer también atraviesa un proceso de reorganización de su identidad, sus relaciones, sus prioridades y la manera en que se percibe a sí misma.
Mi mamá y mi hermana no cambiaron cuando yo tuve a mi hija pero sí cambió el lugar desde donde yo podía mirarlas.
Mientras intentaba comprender esta transformación encontré tres conceptos que me ayudaron a ponerle palabras: maternidad intensiva, matrescencia y apoyo entre pares.
Maternidad intensiva: cuando ser una «buena mamá» parece exigirlo todo
La socióloga Sharon Hays desarrolló el concepto de intensive mothering para describir una ideología cultural en la que se espera que la maternidad esté profundamente centrada en los hijos y demande grandes cantidades de tiempo, energía, recursos y dedicación emocional.
El problema no está en querer cuidar bien a nuestros hijos.
Tampoco está en informarnos.
A mí, por ejemplo, me gusta investigar, leer y tratar de comprender qué sucede durante el desarrollo de mi hija.
Pero esa es mi manera de vivir la maternidad.
Otras mujeres quizá no tengan el mismo tiempo, los mismos recursos o simplemente las mismas ganas de leer cada estudio o seguir cada guía.
Y eso no las convierte en peores madres.
El problema aparece cuando comenzamos a asumir culturalmente que una buena madre debería saberlo todo, hacerlo todo, disfrutarlo todo y, además, hacerlo siempre con paciencia.
Entonces aparece una paradoja.
Por un lado escuchamos: «Disfruta la maternidad porque pasa muy rápido.»
Y, simultáneamente: «Lee todo, estimúlalo correctamente, dale la mejor alimentación, limita las pantallas, trabaja, mantén tu relación de pareja, cuida tu cuerpo, atiende tu salud mental y nunca pierdas la paciencia.»
Cuando estos ideales se convierten en estándares con los que evaluamos nuestra maternidad, decisiones cotidianas pueden empezar a sentirse como evaluaciones de nuestra calidad como madres.
Y algo he aprendido de mi propia mamá: es muy fácil observar desde fuera cómo otra mujer materna. Comprender desde dónde lo está haciendo es mucho más difícil.
Matrescencia: cuando no solamente nace una mamá
Después llegué a otro concepto: matrescencia.
El término se utiliza para describir la transición hacia la maternidad como una transformación que puede involucrar dimensiones psicológicas, identitarias, sociales, corporales y relacionales.
Aunque actualmente se habla mucho de matrescencia, existe una literatura más consolidada sobre identidad materna (maternal identity) y transición a la maternidad (transition to motherhood).
Ramona Mercer propuso precisamente que pensar en «alcanzar el rol materno» resultaba demasiado estático.
En su lugar habló de becoming a mother: convertirse en madre.
Es decir, entender la maternidad como un proceso dinámico en el que una mujer desarrolla habilidades, construye confianza y redefine progresivamente quién es.
Y entonces entendí algo.
Una mujer no tiene un bebé y simplemente añade «mamá» a la lista de cosas que es.
Puede comenzar a preguntarse nuevamente:
¿Quién soy? ¿Qué quiero? ¿Cómo entiendo ahora mi cuerpo? ¿Cómo veo a mi pareja? ¿Cómo veo a mi propia madre? ¿Cómo quiero vivir mi maternidad? ¿Qué significa para mí cuidar?
Quizá eso también explique por qué después de convertirme en mamá comencé a mirar diferente a otras madres.
No porque antes no tuviera empatía.
Sino porque mi propia posición había cambiado.
Ahora tengo experiencias corporales, emocionales y cognitivas desde las cuales puedo reinterpretar recuerdos que antes observaba desde fuera.
Apoyo entre pares: cuando otra mujer puede decir «yo también»
Durante mi formación en Psicología conocí, dentro de Psicología de la Salud, otro concepto que ahora adquiere un significado diferente para mí: el apoyo entre pares.
El modelo ayuda a comprender por qué compartir una experiencia con personas que atraviesan situaciones similares puede proporcionar validación, acompañamiento y reconocimiento.
En maternidad esto resulta especialmente interesante por una razón: la maternidad puede sentirse increíblemente solitaria.
Cada maternidad es distinta.
Cada bebé es diferente.
Cada familia tiene circunstancias particulares.
Y precisamente por eso podemos llegar a sentir que nadie está viviendo exactamente lo que nosotras estamos viviendo.
Las investigaciones de Cindy-Lee Dennis sobre apoyo entre pares durante el periodo posparto han encontrado beneficios potenciales de este tipo de acompañamiento, particularmente en mujeres con riesgo de depresión posparto.
El apoyo entre pares puede ofrecer validación, normalización de ciertas experiencias y disminución de la sensación de aislamiento.
Pero hay una distinción fundamental: el apoyo entre pares puede complementar el acompañamiento profesional; no sustituirlo cuando este es necesario.
Y aquí encuentro una conexión muy interesante con la maternidad intensiva.
Una mujer puede observar a otras madres y preguntarse: «¿Por qué yo no puedo con todo si parece que las demás sí pueden?»
Hasta que comienza a hablar con ellas.
Y descubre que las demás también dudan.
También están aprendiendo.
También cambian de opinión.
También tienen días difíciles.
Compartir experiencias reales puede ayudarnos a dejar de compararnos con una representación idealizada de la maternidad.
Porque cada maternidad es única.
Ser mamá no hizo que mi hermana o mi mamá cambiaran.
Cambió el lugar desde donde yo podía observarlas.
Ahora puedo dimensionar algunas cosas que antes solamente veía desde fuera.
La maternidad no me dio acceso a todo lo que ellas han sentido. Sus experiencias siguen siendo exclusivamente suyas.
Pero hoy comprendo de otra manera cuando mi hermana se molesta porque alguien intenta decirle cómo «debería» educar a sus hijos.
También comprendo de otra manera cuando mi mamá dice que seguirá regañándonos toda la vida porque «ese es su trabajo de mamá».
No significa que ahora comprenda absolutamente todas sus decisiones.
Significa que puedo mirarlas desde una experiencia que antes no tenía.
Cuando comprendemos la maternidad intensiva, la transición de identidad que supone convertirse en madre y el valor del apoyo entre pares, aparece una idea común:
quizá no necesitamos aprender a ser la mamá perfecta; necesitamos permitirnos construir nuestra propia manera de ser mamá.
La maternidad se construye mientras la vivimos.
La propuesta de becoming a mother de Ramona Mercer ayuda precisamente a comprenderlo: convertirse en mamá es un proceso.
No tenemos que sentirnos completamente seguras desde el primer día.
Podemos aprender.
Equivocarnos.
Cambiar de opinión.
Descubrir que algo que imaginábamos antes de tener hijos no funciona para nuestra familia.
Y mañana volver a intentarlo de otra manera.
Quizá una de las cosas más saludables que podemos hacer durante esta transición sea permitirnos no tener una identidad materna terminada.
Estamos construyéndola.
Y esa construcción ocurre mientras cambia nuestra relación con nuestro cuerpo, nuestra pareja, nuestro trabajo, nuestra propia madre, nuestras amistades y también con la mujer que éramos antes.
Por eso también necesitamos a otras mujeres.
No necesariamente para que nos digan qué hacer.
Sino para encontrar la validación de alguien que también está recorriendo este camino.
Ahí aparece el valor del apoyo entre pares.
Compartir experiencias puede ayudarnos a reconocer que las dificultades de la maternidad no son exclusivamente nuestras.
No elimina los problemas ni sustituye la ayuda profesional cuando es necesaria, pero puede disminuir el aislamiento y ofrecernos algo profundamente importante: reconocimiento.
Porque cuando observamos la maternidad únicamente desde fuera, podemos pensar que las demás saben perfectamente lo que están haciendo.
Cuando empezamos a hablar entre nosotras descubrimos algo diferente: ellas también dudan.
Y quizá descubrirlo nos permita dejar de utilizar la maternidad de otras mujeres como medida de la nuestra.
No necesitamos construir una maternidad idéntica a la de nuestra mamá, nuestra hermana, nuestra amiga o la mujer que seguimos en redes sociales.
Necesitamos construir una maternidad que tenga sentido dentro de nuestra propia realidad.
Aceptar que cada maternidad es única no significa renunciar a aprender de otras mujeres.
Significa aprender de ellas sin convertirlas en nuestra medida.
Podemos observarlas, escucharlas y permitir que nos acompañen.
La maternidad me ha regalado muchas cosas. Una de ellas ha sido aprender a mirar con otros ojos a las mujeres que recorrieron este camino antes que yo.
Siempre he sido fan de Mali y de mi mamá: de su valentía, su inteligencia y su forma particular de enfrentarse a la vida.
Pero convertirme en mamá me permitió conocer una dimensión de ellas que antes podía observar, pero que no comprendía de la misma manera.
Hoy miro hacia atrás y pienso en mi infancia, en todas nuestras mudanzas, en mi mamá viviendo lejos de su hija mayor (yo).
Pienso en Onassis. En Matías. En Regina, en aquellos días y noches en la UCI.
Y en todas esas experiencias que presencié sin alcanzar a comprender completamente lo que podían significar para ellas.
Quizá una de las cosas que la maternidad me ha enseñado sea precisamente esa: muchas veces vemos a la mamá, pero olvidamos mirar a la mujer que está viviendo la maternidad.
La maternidad no solo transforma la relación con nosotras mismas.
También puede transformar la manera en que entendemos a nuestras propias madres, hermanas, amigas y a todas aquellas mujeres que recorrieron este camino antes que nosotras.
Gracias por caminarlo antes que yo. ❤️
¿Hay alguna mujer de tu vida a la que comenzaste a mirar diferente después de convertirte en mamá?
Esta semana, quizá puedas volver a mirar alguna historia de maternidad que conoces desde hace años y preguntarte:
¿Qué puedo comprender hoy de esa mujer que antes no podía ver desde el lugar en el que estaba?
A veces basta con recordar que cada maternidad tiene una historia que no conocemos por completo.
Referencias
- Dennis, C.-L., Hodnett, E., Kenton, L., Weston, J., Zupancic, J., Stewart, D. E., & Kiss, A. (2009). Effect of peer support on prevention of postnatal depression among high risk women: Multisite randomised controlled trial.
- Dennis, C.-L., & Dowswell, T. (2013). Psychosocial and psychological interventions for preventing postpartum depression. Cochrane Database of Systematic Reviews.
Esta es útil si quieres reforzar la parte de apoyo psicosocial y prevención, aunque para tu texto no es indispensable si ya usas el ensayo de Dennis de 2009. - Hays, S. (1996). The cultural contradictions of motherhood. Yale University Press.
- Meeussen, L., & Van Laar, C. (2018). Feeling pressure to be a perfect mother relates to parental burnout and career ambitions. Frontiers in Psychology, 9, 2113.
- Mercer, R. T. (2004). Becoming a mother versus maternal role attainment. Journal of Nursing Scholarship, 36(3), 226–232.
- Orchard, E. R., Rutherford, H. J. V., Holmes, A. J., & Jamadar, S. D. (2023). Matrescence: Lifetime impact of motherhood on cognition and the brain. Trends in Cognitive Sciences, 27(3), 302–316.

Deja un comentario