Alimentación complementaria: Lo que las primeras comidas de mi bebé me enseñó sobre la maternidad

Alessa lleva un mes en alimentación complementaria. Era una etapa que me emocionaba mucho comenzar.

Imaginaba que prepararía sus alimentos y que, de alguna manera, ella comenzaría a descubrir dos cosas sobre mí: que me gusta cocinar y que también disfruto mucho comer.

Pensaba en los días que, quizá dentro de algunos años, pasaríamos preparando platillos juntas. En las recetas que podría enseñarle, en los ingredientes que conoceríamos y en las historias familiares que también pueden transmitirse alrededor de una mesa.

Aunque debo admitir que tenía otra expectativa: pensé que, al comenzar a comer, Alessa disminuiría algunas tomas de leche y yo podría recuperar un poco de tiempo para hacer ejercicio.

La realidad no ha sido exactamente así.

Pero esa es otra historia que dejaré para después.

Durante este primer mes, y siguiendo la indicación particular de su pediatra, Alessa debía conocer 16 alimentos. Uno de ellos fue el camote.

En México, el camote también se consume como postre, especialmente durante el otoño. La mamá de mi mamá (mi abuela) era de Guanajuato y allá es común preparar calabaza y camote en dulce. Quizá por eso mi mamá ama tanto ese platillo.

Yo recordaba haberlo probado cuando tenía alrededor de nueve años.

También recordaba algo más: no me gustaba.

O, al menos, eso creía.

Cuando preparé camote para Alessa decidí probarlo otra vez.

Y me gustó.

Fue un momento muy sencillo. Solo estaba yo, probando un alimento que había descartado durante años porque conservaba el recuerdo de que no me gustaba.

Entonces pensé:

¿Cuántas cosas que hoy creo que no me gustan volveré a conocer gracias a ella?

Hoy fue un camote.

Mañana podría ser algo que todavía ni siquiera alcanzo a imaginar.

La alimentación complementaria es mucho más que incorporar nuevos nutrientes.

Para un bebé, comenzar a comer implica descubrir sabores, aromas, temperaturas, colores y texturas. También supone desarrollar habilidades para tomar los alimentos, llevarlos a la boca, moverlos con la lengua, masticarlos con las encías y aprender a tragarlos.

Lo que para una persona adulta es simplemente un camote, para un bebé puede ser una experiencia completamente nueva.

Además, la alimentación complementaria hace precisamente eso: complementa la leche materna o la fórmula, pero no las sustituye de manera inmediata.

Alrededor de los seis meses, los bebés comienzan a necesitar nutrientes y energía adicionales. Sin embargo, la leche continúa ocupando un lugar importante durante esta etapa. Por eso comenzar a comer no significa necesariamente que un bebé dejará algunas tomas con la rapidez que su mamá imaginaba.

Mientras yo esperaba recuperar un poco de tiempo, Alessa está comenzando un proceso mucho más complejo: aprender a comer.

También está comenzando a construir una relación con los alimentos.

Los gustos no aparecen completamente formados. La aceptación de un alimento puede depender de su sabor, textura, temperatura, presentación y del momento en que se ofrece. Un gesto de rechazo no siempre significa que el bebé haya decidido que nunca le gustará.

A veces un alimento necesita volver a aparecer.

En otro momento.

Con otra textura.

Preparado de otra manera.

Y quizá esto no ocurre solamente durante la infancia.

Yo necesité muchos años y una hija para volver a probar el camote.

La Organización Mundial de la Salud señala que la alimentación complementaria suele comenzar alrededor de los seis meses, cuando las necesidades nutricionales del bebé empiezan a superar lo que la leche puede aportar por sí sola.

La recomendación no es reemplazar abruptamente la leche, sino incorporar gradualmente alimentos seguros, nutritivos, variados y adecuados para el desarrollo del bebé.

La evidencia también indica que la aceptación de los alimentos puede construirse mediante la exposición repetida. Algunas investigaciones han encontrado que volver a ofrecer un alimento inicialmente rechazado, especialmente ciertas verduras, puede aumentar su aceptación.

Esto no significa insistir hasta que un bebé coma ni presentar el mismo alimento como una prueba que debe superar. Tampoco garantiza que todos los niños terminarán disfrutando los mismos sabores.

Significa que una primera reacción no siempre es definitiva.

Un bebé puede necesitar varios encuentros para familiarizarse con un alimento. Primero puede mirarlo. Después tocarlo. Otro día quizá lo lleve a la boca y lo escupa. Más adelante podría probar una pequeña cantidad.

Cada uno de esos momentos forma parte del aprendizaje.

La investigación también respalda la alimentación responsiva, una forma de acompañar en la que la persona adulta ofrece alimentos apropiados y observa las señales del bebé, mientras este participa activamente decidiendo si quiere comer y cuánto necesita.

Desde esta perspectiva, alimentar no consiste únicamente en lograr que el plato quede vacío. También significa crear condiciones para que el bebé explore la comida sin presión y aprenda a reconocer sus propias señales de hambre y saciedad.

Antes de comenzar esta etapa pensaba principalmente en todo lo que yo podría enseñarle a Alessa.

Los sabores que le presentaría.
Los platillos que prepararía.
Las recetas que algún día podremos hacer juntas.
No había pensado tanto en lo que ella me invitaría a descubrir.

El camote me llevó a Guanajuato.

A mi abuela.

A mi mamá disfrutando la calabaza y el camote en dulce.

A la niña que fui y que decidió que aquel sabor no le gustaba.

Y a la mujer que hoy volvió a probarlo mientras alimentaba a su hija.

La comida no contiene solamente nutrientes. También puede guardar recuerdos, afectos, tradiciones y formas de pertenecer. Los platillos familiares cuentan quién los preparaba, en qué época se comían y alrededor de qué mesa se compartían.

Tal vez algún día a Alessa le guste el camote.

Tal vez no.

Hasta ahora, me ha llamado la atención que varios de los alimentos que más ha disfrutado también están entre los favoritos de su papá. Me causa ternura encontrar esas pequeñas coincidencias entre ellos, incluso en algo tan cotidiano como la comida.

Sé que apenas está comenzando a conocer sabores y que sus preferencias cambiarán muchas veces. Sus gustos serán suyos, no una extensión de los míos ni de los de su papá, y tampoco una evaluación de lo bien o mal que hicimos esta etapa.

La maternidad está haciendo algo que no esperaba: me está llevando a revisar algunas de mis propias certezas.

No porque ahora deba disfrutar todo lo que antes rechazaba, sino porque acompañar a una persona que descubre el mundo por primera vez también puede recordarme que mis propias experiencias no están completamente terminadas.

Acompañar la alimentación complementaria no debería convertirse en una competencia para saber qué bebé probó más alimentos ni en una evaluación constante del desempeño de la madre.

Podemos intentar:

  • Ofrecer variedad de acuerdo con las necesidades del bebé y las indicaciones de sus profesionales de salud.
  • Presentar nuevamente un alimento rechazado, sin presión ni obligación.
  • Permitir que el bebé mire, toque, huela y explore la comida de una manera segura.
  • Observar sus señales de hambre y saciedad.
  • Evitar interpretar cada rechazo como un problema definitivo.
  • Recordar que comer poco al principio no significa necesariamente que el proceso esté fracasando.
  • Procurar que las comidas sean momentos tranquilos, sin utilizar los alimentos como premio, amenaza o castigo.
  • Compartir, cuando sea posible, alimentos y momentos alrededor de la mesa.
  • Reconocer que los gustos cambian y que no todos los niños disfrutarán los mismos platillos.
  • Evitar medir nuestra capacidad como madres por la cantidad que el bebé comió o dejó en el plato.

No se trata de conseguir que un bebé coma “perfectamente”.

Se trata de acompañarlo mientras construye una relación con la comida basada en la seguridad, la curiosidad y el respeto por sus propias señales.

El mejor arroz con pollo

Hace poco hablaba con mi hermana sobre todos los alimentos que estoy ofreciendo a Alessa.

Ella bromeó: —Le estás dando muchas cosas y al final solo va a querer arroz con pollo.

Puede ser.

Quizá dentro de algunos años rechace muchos de los platillos que hoy imagino preparar con ella. Tal vez tenga temporadas en las que quiera comer lo mismo una y otra vez.

Aun así, me gusta pensar en todos los alimentos y recetas que podré preparar por ella y, algún día, con ella.

Y si al final solamente quiere arroz con pollo, intentaré que sea el mejor arroz con pollo que pueda hacer.

No porque un platillo pueda medir mi amor por ella ni porque alimentarla deba convertirse en una demostración de sacrificio.

Sino porque preparar alimentos también puede ser una manera de decir: Pensé en ti (debo reconocer que esto lo aprendí de mi papá). 

Hoy Alessa está conociendo sabores por primera vez.

Yo estoy descubriendo que todavía puedo regresar a los sabores, experiencias y partes de mí que alguna vez di por terminadas.

Y entonces aparece una nueva pregunta:

¿Cuánto de lo que creemos conocer sobre nosotras mismas podría transformarse al acompañar a nuestros hijos mientras descubren el mundo?

Alessa está aprendiendo a comer.

Yo estoy aprendiendo algo distinto:

la maternidad no solo me presenta un mundo nuevo; también me demuestra que el mundo que creía conocer todavía puede sorprenderme.

Fuentes consultadas
  • Barends, C., Weenen, H., Warren, J., Hetherington, M. M., de Graaf, C., & de Vries, J. H. M. (2019). A systematic review of practices to promote vegetable acceptance in the first three years of life. Appetite, 137, 174–197.
  • Spill, M. K., Johns, K., Callahan, E. H., et al. (2019). Repeated exposure to food and food acceptability in infants and toddlers: A systematic review. The American Journal of Clinical Nutrition, 109(Suppl. 1), 978S–989S.
  • World Health Organization. (2023). WHO guideline for complementary feeding of infants and young children 6–23 months of age.

Nota: Esta reflexión parte de mi experiencia personal con Alessa y no pretende establecer una pauta universal. Cada bebé tiene necesidades, antecedentes y ritmos diferentes. La introducción de alimentos debe realizarse con orientación profesional individualizada y con las medidas adecuadas de higiene y seguridad.

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