Lactancia, despertares nocturnos y seguridad cuando la teoría se encuentra con una familia real.
Hace unos días, mi hermana me preguntó:
—¿Qué ha sido lo más difícil para ti de ser mamá?
Le respondí que el sueño de Alessa.
La respuesta puede parecer extraña porque, en realidad, Alessa duerme bien. El desafío no es que no duerma, sino la forma en que necesita hacerlo.
Actualmente se duerme tomando pecho y hace dos siestas al día, de aproximadamente dos horas cada una. Las dos las hace conmigo, en brazos, mientras la casa permanece en silencio y a oscuras.
Algunas noches también busca dormir muy cerca de mí. Yo interpreto que necesita contacto, aunque no puedo saber si se siente sola, incómoda o si simplemente busca la manera en que ha aprendido a relajarse.
Tenerla conmigo no me molesta. Al contrario.
Me gusta recordar que durante su primer mes de vida dormía sobre mi pecho y, después, abrazada a mí. Todavía me parece hermoso acompañarla durante sus siestas y sentir cómo su cuerpo se relaja entre mis brazos.
Sin embargo, también me hago preguntas.
¿Estará cómoda durante tanto tiempo? ¿Le dolerá algo por dormir en la misma posición? ¿Debería enseñarle a conciliar el sueño de otra manera? ¿Es necesario que aprenda a dormir sin mí?
Quizá por eso respondí que su sueño ha sido lo más difícil: no porque me desagrade acompañarla, sino porque algo puede ser profundamente hermoso y, al mismo tiempo, demandar casi toda nuestra disponibilidad.
Dormir bien no significa necesariamente dormir sin despertarse, hacerlo lejos de los padres o conciliar el sueño sin ayuda.
Durante el primer año, el sueño continúa madurando. Los bebés atraviesan ciclos más breves que los adultos, pueden despertarse para alimentarse y necesitan distintos niveles de acompañamiento para volver a dormir. La capacidad de hacerlo sin ayuda no aparece a la misma edad ni de la misma manera en todos los niños.
Que Alessa se duerma tomando pecho tampoco demuestra, por sí solo, que exista un problema. El pecho reúne alimento, contacto, calor y regulación. Puede convertirse en una señal muy poderosa para conciliar el sueño, pero eso no significa que deba retirarse si continúa funcionando para la bebé y para la madre.
La pregunta importante no es únicamente: “¿Puede dormirse sola?”.
También debemos preguntarnos:
- ¿Está durmiendo lo suficiente en un periodo de 24 horas?
- ¿Su espacio de sueño es seguro?
- ¿Respira con normalidad?
- ¿Crece y se alimenta adecuadamente?
- ¿La manera de dormir está resultando sostenible para su familia?
- ¿Cómo está afectando el descanso y el bienestar de quien la acompaña?
También es necesario precisar algunos términos que en redes sociales suelen utilizarse como si significaran lo mismo:
- Compartir habitación significa que el bebé duerme cerca de sus cuidadores, pero en una superficie separada.
- Compartir cama significa que el bebé y una persona adulta duermen sobre el mismo colchón.
- Colecho se utiliza para nombrar ambas prácticas, por lo que puede resultar ambiguo si no aclaramos a cuál nos referimos.
- Entrenamiento del sueño o sleep training agrupa distintas intervenciones conductuales. No todas consisten en dejar llorar y no necesariamente implican retirar las tomas nocturnas.
Estas diferencias importan porque una preferencia familiar puede ser flexible, pero las condiciones de seguridad no deberían quedar sujetas a interpretaciones.
Los bebés no necesitan dormir todos de la misma manera
La Academia Estadounidense de Medicina del Sueño recomienda que los bebés de entre 4 y 12 meses duerman regularmente entre 12 y 16 horas en un periodo de 24 horas, incluyendo las siestas. Es un rango amplio porque existe variabilidad entre bebés y porque el sueño debe observarse en su totalidad, no solamente durante la noche.
Despertarse durante la noche también continúa siendo frecuente después de los seis meses. En un estudio con 715 madres de bebés de entre 6 y 12 meses, el 78.6 % informó que su bebé todavía despertaba al menos una vez por noche y el 61.4 % que recibía una o más tomas de leche. Es un estudio basado en reportes maternos y no establece lo que debería hacer cada bebé, pero sí ayuda a cuestionar la idea de que todos tendrían que dormir doce horas continuas a cierta edad.
Alessa se despierta para tomar pecho entre tres y cinco veces por noche. No puedo concluir solamente con este dato si todos esos despertares son necesarios desde el punto de vista nutricional. Eso depende de su crecimiento, su salud y la valoración de su pediatra. Lo que sí puedo reconocer es que los despertares y las tomas nocturnas no son excepcionales durante esta etapa.
El sueño seguro sí tiene criterios concretos
Las recomendaciones vigentes de la Academia Estadounidense de Pediatría indican que, durante el primer año, el bebé debe colocarse boca arriba para dormir, sobre una superficie firme, plana y no inclinada, cubierta únicamente por una sábana ajustable. El espacio debe permanecer libre de almohadas, protectores, juguetes, edredones y cobijas sueltas.
La recomendación es compartir habitación, pero no cama, idealmente durante al menos los primeros seis meses. Tener la cuna cerca facilita observar, alimentar y atender al bebé sin exponerlo a los riesgos de una superficie diseñada para personas adultas.
Alessa duerme en su espacio, no tiene una cobija suelta. Si necesita más abrigo, una alternativa es utilizar ropa adecuada para la temperatura o un saco de dormir de su talla, sin peso añadido.
La cuna de viaje puede utilizarse si el fabricante indica expresamente que es apta para el sueño infantil, conserva su colchón original firme y se usa sin acolchados o accesorios adicionales.
El riesgo de compartir cama tampoco se explica porque el papá tenga un “instinto protector menos desarrollado”. Esa afirmación no tiene sustento. Los factores relevantes son el tipo de superficie, la posibilidad de atrapamiento, la ropa de cama, el cansancio extremo, el consumo de alcohol o sustancias, ciertos medicamentos sedantes, el tabaquismo y algunas condiciones del bebé, como la prematurez o el bajo peso.
Las siestas en brazos requieren una distinción
Que una bebé duerma en brazos no significa automáticamente que estará incómoda o que algo le dolerá. Lo importante es observar su postura, mantener libres la nariz y la boca y asegurarse de que pueda respirar con facilidad.
Sin embargo, una siesta en contacto solo puede acompañarse con seguridad mientras la persona adulta permanece completamente despierta y alerta. Si aparece somnolencia, la opción más segura es trasladar al bebé a su superficie firme y plana.
Dormirse con un bebé sobre el pecho en un sofá o sillón es especialmente peligroso. La AAP señala que esas superficies elevan considerablemente el riesgo de muerte relacionada con el sueño.
El sleep training es una posibilidad, no una obligación
Una revisión sistemática y metaanálisis de 2022, que incluyó diez ensayos controlados, encontró que las intervenciones conductuales podían reducir los problemas de sueño percibidos por las familias y mejorar la calidad del sueño materno. Sin embargo, no encontraron una reducción estadísticamente significativa en el número de despertares nocturnos ni en los síntomas maternos de depresión.
Una revisión más reciente, publicada en 2026, identificó 59 estudios sobre intervenciones de sueño en menores de seis años. Encontró una gran diversidad de programas centrados en rutinas, higiene del sueño y conciliación independiente, pero también señaló que la investigación se ha concentrado principalmente en el sueño nocturno y ha estudiado mucho menos las siestas y la organización completa del sueño durante las 24 horas.
Por eso no podemos presentar el sleep training como una solución única ni como un requisito del desarrollo. Puede ser una herramienta útil para algunas familias, mientras otras prefieren continuar acompañando el sueño. Utilizarlo tampoco significa necesariamente suspender la lactancia nocturna: el destete nocturno es una decisión distinta que debe considerar la edad, el crecimiento, la alimentación y la orientación pediátrica.
Antes de tener a Alessa, leí mucho sobre embarazo, maternidad y crianza.
Pensaba que podría decidir anticipadamente cómo dormiría mi bebé. Había leído que lo mejor era acostumbrarla desde el principio a dormir sola, que después podría pasar a su habitación y que probablemente su papá conseguiría dormirla con mayor facilidad.
Nuestra experiencia fue distinta.
Por el espacio disponible en la habitación, compramos una cuna de viaje y la colocamos junto a mi lado de la cama un mes antes de su nacimiento. También queríamos que Ozzy se acostumbrara a su presencia. Como mi intención era amamantar, tenerla cerca me parecía práctico para atenderla durante la noche.
Sin saberlo, habíamos elegido una forma de compartir habitación sin compartir la superficie de sueño.
Alessa no comenzó a dormirse más rápido con su papá. Hasta ahora, concilia el sueño principalmente en mis brazos y tomando pecho.
Y, para ser honesta, no deseo apresurar el momento en que deje de hacerlo.
Pero tampoco quiero ignorar que sus dos siestas representan alrededor de cuatro horas al día en las que mi cuerpo permanece disponible y mis actividades se detienen. Puedo amar profundamente esos momentos y reconocer que también tienen un costo físico y mental.
Las dos cosas pueden ser ciertas.
El algoritmo me muestra bebés que duermen en la cama de sus padres, bebés que duermen en su cuna y otros que, desde muy pequeños, pasan toda la noche en su propia habitación. Las redes presentan decisiones familiares como si fueran métodos enfrentados y como si el resultado dependiera únicamente de elegir correctamente.
La vida con un bebé es bastante más compleja.
No estamos eligiendo entre una madre que acompaña y otra que fomenta la independencia. Estamos intentando encontrar una forma de dormir que respete el desarrollo del bebé, proteja su seguridad y no lleve a la persona cuidadora al agotamiento.
La respuesta no tiene que ser trasladar inmediatamente a Alessa a otra habitación ni aplicar un entrenamiento del sueño que no deseamos. Podemos revisar nuestra rutina sin renunciar a la cercanía:
- Mantener su cuna junto a nuestra cama, siempre que sea un producto aprobado para el sueño infantil y se utilice conforme a las indicaciones del fabricante.
- Retirar la cobija suelta y dejar únicamente el colchón firme con una sábana ajustable. Si hace frío, podemos utilizar ropa adecuada o un saco de dormir seguro.
- Colocarla boca arriba al inicio de cada sueño. Si ya puede girarse sola en ambas direcciones, no es necesario mantenerla inmóvil, pero su espacio debe continuar completamente despejado.
- Acompañar las siestas en brazos únicamente mientras yo permanezca despierta. Si estoy demasiado cansada, lo más seguro es pasarla a su cuna.
- Evitar quedarnos dormidas abrazadas en una cama adulta. Puedo acercarla para alimentarla o consolarla, pero, cuando ambas vayamos a dormir, debería regresar a su propio espacio.
- No confundir entrenamiento del sueño con destete nocturno. Si algún día queremos modificar sus despertares o tomas, primero necesitaremos valorar con su pediatra su crecimiento y sus necesidades de alimentación.
- Compartir partes de la rutina. Aunque Alessa todavía prefiera dormirse conmigo, su papá puede participar en el cambio de pañal, la preparación del ambiente, el baño, las canciones o el acompañamiento antes y después de las tomas.
- Observar también mi desgaste. Si acompañar todas las siestas comienza a producir dolor, irritabilidad, agotamiento o la sensación de no poder separarme nunca, no sería necesario esperar a estar completamente rebasada para buscar alternativas.
El objetivo no tendría que ser conseguir que Alessa deje de necesitarme. Podría ser ampliar gradualmente las formas en que puede sentirse acompañada, sin forzar un cambio que todavía no necesitamos.
Antes de ser mamá pensé que el sueño infantil podía organizarse con suficiente información y una rutina bien diseñada.
Ahora entiendo que la información sigue siendo indispensable, especialmente cuando se trata de seguridad. Pero ninguna lectura podía decirme exactamente cómo dormiría Alessa, cuántas veces despertaría o qué sentiría yo al tenerla descansando entre mis brazos.
Nuestra realidad nos llevó por un camino distinto al que había imaginado.
Hoy, la opción que mejor funciona para nosotros es que duerma en su propio espacio, muy cerca de mí. Tan cerca que puedo ofrecerle mi mano durante la noche y levantarla para alimentarla cuando lo necesita.
No necesito que Alessa duerma como los bebés que aparecen en mi algoritmo.
Necesito que duerma segura, que pueda encontrarme cuando me necesita y que la forma de acompañarla sea sostenible para las dos.
Porque cada familia puede construir su propia manera de dormir, pero esa libertad necesita una base común: seguridad para el bebé y descanso posible para quienes lo cuidan.
¿Y si dormir bien no significara conseguir que un bebé deje de necesitarnos, sino encontrar una manera segura y habitable de atravesar juntos el tiempo en que todavía nos necesita tanto?
Nota: Esta reflexión parte de una experiencia personal y no sustituye la valoración pediátrica. Los patrones de sueño, las necesidades de alimentación y el desarrollo varían entre bebés. Ante pausas respiratorias, ronquidos persistentes, cambios de coloración, dificultades de crecimiento, dolor aparente o despertares inusuales, se debe consultar con un profesional de salud.

Deja una respuesta